BURLA INACEPTABLE

La película EL NACIMIENTO presenta una visión distorsionada
y peligrosa de la Encarnación y llegada al mundo
de Nuestro Señor Jesucristo


Publicado en El Semanario de Berazategui Nros. 687 al 691

Recomendada sólo para personas con Fe. Éste era el comentario de los medios escritos sobre esta versión de la primera Navidad. Nadie sospecharía que, al ser especialmente dirigida a los católicos (los protestantes no veneran a la Virgen, por consiguiente no sería para ellos sino motivo de contradicción), la finalidad del filme es destruir esa Fe y no respaldarla o aumentarla.
La visión presentada tiene serios problemas con lo que la Iglesia enseña acerca del mayor misterio de la Historia de la Salvación y a través de sus imágenes nos lleva a minimizar su importancia, terminando por presentarlo como una simple relación de dos personas buenas que tienen un hijo. Su dedicatoria hace que nos propongamos desmenuzarla para evitar que algunos cristianos desprevenidos tomen por más certera la película que la Palabra de Dios o el Magisterio de la Iglesia y salgan diciendo que la Virgen era una adolescente tipo Rebelde Way o San José un exaltado psicótico, tal como se los ve en esta retorcida historia.
Quien suscribe ha sido testigo presencial del film ya que, como tantos otros, se dirigió a la sala de proyecciones cercana a su hogar pensando en pasar un momento de paz, distendido, en compañía de hermosas imágenes que proporcionaran material para la meditación en la próxima Navidad y, lo que es muy importante, sin tener que cuidarse de los arrebatos de sexo, violencia y agresión (sin contar los subliminales) que caracterizan al cine de ésta época. Nada más alejado de la realidad. Ni bien se inicia la película, la alarma se enciende en el espectador despierto: el título verdadero está cambiado, pues la pantalla muestra, en castellano: JESÚS, EL NACIMIENTO.
Aquí comienza el molesto trajinar del público por los 140 minutos de trampas y reveses que la cinta ofrecerá. ¿Por qué se omite el Santo Nombre de Jesús en la publicidad del filme? ¿Cuál es el motivo de degradar el nacimiento de Jesús, llamándolo solamente “el nacimiento”, a secas? Otros errores voluntarios acompañan a la publicidad gráfica, como colocar la estrella encima de la cabeza de José y no de María, la verdadera e indiscutible Madre de Dios. Si miramos más atentamente la propaganda (foto arriba) observaremos que la luz que supone el nacimiento se halla en la letra M, pero las figuras caminando en el horizonte proponen que ésta luz se halla BAJO LA TIERRA y no proveniente del Cielo, como correspondería. En la redacción del aviso dice: “el nacimiento de EL NIÑO” contradiciendo la norma ortográfica por la cual corresponde escribir “del niño” con lo cual reemplazamos el nombre de Jesús por la expresión EL NIÑO, y continúa “cambiará el mundo para siempre” de lo que se puede deducir que AÚN NO HA NACIDO, pues correspondería escribir “que cambió el mundo”. ¿Hablará entonces de otro nacimiento y otro niño que nacerá? ¿Tal vez está anunciando al Anticristo? Habría que preguntar a quienes hicieron la publicidad, pero no estoy seguro de que quieran responder con la verdad.
Volviendo a la película, nunca he visto una decisión más desacertada en la elección de los personajes. Comenzando por la joven que interpreta a María, que se presenta desaliñada, falta de aseo, inexpresiva, mal vestida, mucho menos agraciada en belleza que cualquiera de las otras chicas que la acompañan en el primer tramo de la película. ¿No es acaso la Virgen pura, llena de gracia? ¿No debería transmitir belleza, aun corporal ante su sola mirada? Esta presentación evidentemente apunta a degradar la imagen de la Madre del Señor presentándola no sólo como una más del montón, sino como la peor.
Y no hablemos sólo de su aspecto exterior, que puede haber sido un error de casting, sino observemos sus actitudes que muestran la personalidad del personaje. Desde su primera aparición se la ve ocupada en manoseos con adolescentes de ambos sexos y haciendo “ojitos” a un posible “candidato”, hasta tal punto que sus compañeras la reprenden y ella contesta con una media sonrisa de picardía: “No lo estaba mirando...”
Sorprendida en tal evento (manoseos y miraditas) es reprendida por su madre, quien todos sabemos que es Santa Ana. Ante el llamado de atención, bastante áspero por supuesto, no con la dulzura que correspondería a la abuela de Cristo, María hace un desplante de adolescente contrariada, baja la mirada y se retira con gesto violento como diciendo ¡Ufa, me tienen cansada!, tal lo expresa claramente su expresión corporal, totalmente fuera de lugar. Siguiendo de cerca los hechos se encuentra un joven bastante mayor, que mira a María con los ojos exaltados, como un solterón excitado ante la proximidad de la jovencita que apenas deja de ser una niña. Este no es el verdadero espíritu de San José, padre adoptivo del Señor y ejemplo de santidad y castidad. Su imagen aparece en toda la película como un pobre desahuciado que no logra que ninguna mujer le de “corte”. Además, nada se sabe de su oficio, ya que no se presenta abiertamente como carpintero y, una vez comprometido con María, se transforma en albañil (recuerden que la Masonería proviene de las fraternidades de albañiles, que en francés se dice mason. Este y otros detalles nos dan una pista acerca de los posibles promotores ocultos del film).
No olvidemos a San Joaquín, que es presentado como un padre de familia injusto, pretencioso, interesado, irascible y dominante, que trata a su mujer y a su hija como a esclavos y sólo piensa en el dinero. Nada más alejado del insigne ejemplo que nos ha dejado el verdadero abuelo del Señor.
En el filme, es él quien se deja tentar por el ofrecimiento material que hace José para comprar el matrimonio con María. Ella responde al enterarse, como en una novela: “¿Por qué tengo que casarme con alguien que no quiero?”. ¡Una respuesta inimaginable en la Santa Virgen, siempre humilde y bien dispuesta a la obediencia! Pero hay más...

Algunos allegados me han comentado que el público cree que esta película cuenta con la aprobación del Vaticano. En realidad, esto es falso. Se estrenó en el Vaticano, pero allí no estuvo presente el Santo Padre ni hay ningún comunicado oficial sobre el film que lo respalde, y no es para menos, porque los errores groseros que propone son altamente destructivos para la Fe de quienes la miren sin la debida disposición espiritual e intelectual.

SIGAMOS ANALIZANDO.
Continuamos entonces con el análisis de lo visto. La conocida estrella de Belén, que guió a los Magos de Oriente, es presentada como tres (?) estrellas que forman en el cielo un triángulo (foto a continuación):


¿Por qué se la llama entonces “estrella” y no “estrellas” durante el film? Porque esos tres puntos y el triángulo son ambos signos de la Masonería. La verdadera estrella sería entonces esta sociedad secreta. Los Magos aparecen desde su primera intervención manejando instrumentos identificatorios de logias masónicas: globo terráqueo metálico, reglas, escuadras, plomadas y demás, y la fuente en cuyo reflejo ven el cielo y las tres estrellas en formación representan al conocido “ojo de Satanás” (foto a continuación):


que podremos observar en los billetes norteamericanos de
1 (un) dólar, sobre la pirámide truncada.
En uno de los pósters oficiales de la película podemos observar a los tres personajes: Melchor, excedido en peso y representativo de la ira, característica que lo acompaña a lo largo de su actuación. Siempre enojado, serio y discutidor (foto a continuación):


A su lado, Gaspar, que en la foto se ve con sus manos sobre los genitales y sus ojos desmesurados dirigidos no hacia el pesebre, sino al (gordito) que está a su lado con gesto de excitación. Así representa la Lujuria. Luego está el infaltable Baltasar, que representa la gula, pues cuando llega el momento de partir siguiendo la estrella (¡las tres estrellas!) se niega a viajar si no se lleva sus provisiones y, especialmente, su vino preferido. Al llegar a Jerusalén son invitados a comer con Herodes y allí se lo ve bebiendo abundantemente y comiendo a más no poder, a tal punto que mientras el Rey les habla del Mesías, él se chupa minuciosamente los dedos después de devorar un buen trozo de cordero asado. Recordemos que los tres Reyes Magos son Santos para la Iglesia Católica y parte de sus restos se guardan en un hermoso relicario, en Alemania. Otra figura de santidad que es degradada y manoseada impunemente.

MÁS ATAQUES.
La directora del film, Catherine Hardwicke, declara haber utilizado los Evangelios como fuente de inspiración para su película, pero esto es una flagrante mentira malintencionada, pues los hechos muestran lo opuesto. Analicemos el pasaje de la Anunciación del Ángel a María. La escena se desarrolla en un bosque, cuando el Evangelio dice claramente que el Arcángel Gabriel “entró en su casa”. La virgen se esconde detrás de los árboles, asustada, ante la presencia del Ángel que, con mirada inquisidora le anuncia su maternidad. Esto es equivocado, pues María había nacido sin pecado original y es opinión común de los Padres de la Iglesia que tenía contacto frecuente con los Ángeles de todos los coros. En ningún momento el ángel se presenta, cosa que sí se relata en la Biblia (“Soy Gabriel”). Nunca la llama LLENA DE GRACIA, frase de importancia fundamental, pues encierra la virginidad milagrosa de María a pesar de su embarazo. En el momento del anuncio, se ve a la Virgen de rodillas ante el Ángel, lo que debería ser lo contrario, pues no existe después de Dios criatura mayor que María en santidad, y además es Reina de los Ángeles (como se reza en las letanías Lauretanas). No creo que sea propio de una Reina humillarse ante su súbdito, salvo que se quiera mostrar una imagen degradada e irreverente de María (y este parece ser el objetivo). Además, luego de que el ángel se retira, sobrevuela a María un extraño pájaro (foto a la izquierda), un búho o lechuza -animal utilizado en la magia- queriendo hacer creer al espectador que se trata de una paloma, como representando al Espíritu Santo. En realidad, esta escena en el Evangelio NO EXISTE. A partir de este momento María aparece siempre rara, pensativa y contrariada, con cara de haber recibido un peso que supera sus fuerzas y en especial sus ganas, mostrándose siempre DESCONFORME CON EL PLAN DE DIOS.

LA COMUNIÓN DEL BURRO.
En una escena memorable del viaje hacia Belén, José y María se detienen en pleno campo, a la luz de las tres estrellas (ver más arriba) para descansar de la travesía, presentada a lo largo de la película como más peligrosa de lo que realmente fue. José, extrae de sus alforjas un pan ácimo (sin levadura) curiosamente redondeado y blanco, extremadamente similar a una Hostia. Lo bendice con una oración solemne (consagración) y lo parte en dos mitades, entregando una a María (comunión). Lo extraño es que de su mitad sólo toma un pequeño trozo, con rostro de desagrado y guarda lo demás sentándose encima. Llegada la noche, se incorpora y lleva el trozo de pan bendecido
(foto 1):


agitándolo en su mano, como restándole valor y obliga al burro a comérselo, de manera muy poco decorosa (foto 2):


Todos pensábamos que guardaría el alimento para su mujer, que a su vez debía alimentar al niño, pero San José está más preocupado por el burrito que por la Reina del Cielo y de la Tierra y el Hijo de Dios: ¡qué padre ejemplar! El mensaje es claro: los que comulgan son unos animalitos sin inteligencia ni voluntad. ¿Qué le parece?

DESCONFIADO.
Mientras María finge descansar, José mira al Cielo y exclama: “sólo te pido una señal” y a renglón seguido, ante el silencio divino, se retira a dormir con un visible gesto de desagrado, como repudiando la falta de comunicación de Dios con ellos que siguen sin entender nada de lo que les pasa. De esto nos enteramos por su propia boca cuando en otro tramo del viaje María escucha el relato del sueño de José, en el cual el ángel le dice que no tenga miedo. Allí ella le pregunta: “¿...y lo tienes?” a lo que el “valeroso” San José responde con una sonrisa de debilidad impropia de tan altísimo personaje: “Sí... ¿y tú?” A esta altura se puede esperar cualquier cosa de esta caricatura de Virgen María, por eso poco asombra que, también con una sonrisa tonta y fuera de lugar ante la magnitud de los hechos, responde que sí (foto 3). Inconcebible.


Ella, la llena de Gracia, no pensaba de otra manera que como el mismo Dios. Nadie entendía sus planes como Ella porque nunca pecó, ni siquiera venialmente. Jamás sintió en su corazón nada contrario a la Divina Voluntad y sólo podía ser feliz cuando hacía lo que Dios le pedía, fuera lo que fuese. Para eso la preparó Dios y la hizo la criatura más grande en la Tierra y en el Cielo, a tal punto que ocupa un lugar único allí, siendo el ser más perfecto después de Dios. ¿Puede entonces admitirse que se la presente de esta manera, queriendo hacer creer a los católicos desinformados que esta es la historia real de la Navidad? ¡De ninguna manera!

EN BELÉN
Llegada la pareja a Belén, el nacimiento se aproxima y las señales se hacen evidentes. Casi entrando a la ciudad la Virgen dice a José: “José, el niño me oprime”. ¿Qué significa “me oprime”? Ninguna madre se expresa de esa manera acerca de su hijo. Más bien parece indicar un segundo mensaje oculto de queja contra la autoridad de Cristo, que los oprime con su nacimiento hecho de esa manera y, aparentemente, sin respetar su derecho a la libertad. Cristo no es un opresor ni un tirano. Es el mejor de todos los hijos y jamás hizo sufrir a su madre, que no tuvo un parto común porque no tenía pecado original. Recordemos que al cometer el pecado original Eva fue sentenciada por Dios: “Con dolor parirás tus hijos”, como lo relata el Génesis, pero María, sin pecado concebida, escapa a la sentencia y no puede haber tenido ningún dolor ni antes ni durante el nacimiento del Señor, que fue milagroso y no, “parto natural” o como se lo presenta en la película: “parto salvaje”, cuya escena más se parece a un acto sexual depravado que a un nacimiento virginal. Retrocediendo al instante en que entran a la villa de Belén, José se muestra DESESPERADO ante la eventualidad del nacimiento de Jesús. Golpea cuanta puerta encuentra y llama a los gritos pidiendo una ayuda. Ante esta situación María, a punto de dar a luz, mira al Cielo y con rostro demudado por el enojo le reprocha: “¿no podrías ayudarnos?”... como si a Dios, el nacimiento de su Hijo lo tomara de sorpresa o lo hubiese dejado librado al azar. No podemos aceptar tampoco esta posición de la Virgen rebelde en la adversidad, sin un gramo de Fe, con desplantes de adolescente sin educación.
Recordamos aquí otra escena en la que María actúa como “subversiva”, utilizando unos troncos que coloca en el camino (foto 4):


en colaboración con otros ciudadanos, para evitar el paso de los soldados romanos que vienen en persecución de un desconocido (bien podría haber sido un ladrón), con lo que la imagen de resistencia a cualquier autoridad queda redondeada (¿una virgen piquetera?).
No quiere obedecer a sus padres, no quiere seguir a su marido, no quiere aceptar la autoridad política ni tampoco la Divina. Sólo desea hacer lo que se le da la gana con su vida, igual a las niñas que conocemos en cualquier parte de nuestro mundo, sin Religión y sin moral.
Nada más lejos de la verdadera Virgen María, que no era igual a nada conocido, porque era y es la Madre de Dios, con todas las gracias y dones únicos que ello supone...

NACIMIENTO EXTRATERRESTRE.
Cualquier desprevenido espectador que accediera a la película en el tramo final (nacimiento, pastores, reyes) podría confundirse pensando que se trata de “El día de la Independencia” o “E.T.”, debido a lo que la pantalla muestra.
Cuando supuestamente debiera nacer el Niño Jesús, las tres estrellas de Belén (ver foto más arriba) funden su luz (foto 5):


en una especie de “nave nodriza” escondiéndose detrás de unas nubes y enviando un rayo que ilumina exclusivamente la cueva donde se hallan María y su esposo. Allí resplandece el rostro dolorido y los ojos pintarrajeados (foto 6):
de la niña-madre que sufre como una ídem para traer al mundo a su hijo. Ya mencionamos que la escena, los sonidos y en especial las posiciones del cuerpo de ambos semejan más (mucho más) a un acto sexual que a un nacimiento, recordando además que la Santísima Virgen María no sufrió dolores de parto como cualquier mujer, PORQUE NO ERA CUALQUIER MUJER, y Jesús no nació como cualquier niño, PORQUE NO ERA CUALQUIER NIÑO.
Nadie sabrá jamás qué hizo la directora de la película con el cordón umbilical del recién nacido, ya que San José no le presta la más mínima atención y maneja al bebé (bastante grande) libremente y lo deposita en brazos de su mamá, que ya no siente dolor alguno, aunque la pintura de sus ojos sigue arruinada.
A lo lejos, los Magos ven la nave, perdón, las tres estrellas de Belén, y se acercan a paso vivo a la cueva donde los pastores adoran al niño... ¡SENTADOS! Aquí el Evangelio ha dejado lugar a la inventiva malsana del escritor y la directora, pues no aparecen coros de ángeles (Sólo uno, el mismo de la Anunciación... y negro) y los pastores tampoco son agraciados con ver a las milicias celestiales cantando “¡Gloria a Dios en el Cielo!”, porque sólo uno ve al morocho que le avisa que vaya al establo. Un extraño pájaro (es de noche, las palomas no vuelan de noche, pero las lechuzas y los búhos sí...) sobrevuela la escena con un tétrico aleteo. ¡Parece una escena de una película de terror!
Cuando los Magos arriban al pesebre, uno de ellos exclama con asombro “Dios hecho carne” mientras mira al niño.
A continuación, se arrodillan... los camellos. Sí, los camellos se arrodillan para dejar bajar a los Magos mientras éstos se acercan al “Dios hecho carne” con naturalidad, sin adorarlo ni humillarse ante Él en ningún momento. Los pastores siguen sentados y los Magos de pie (foto 7):

¿así adoran al Niño Dios?. Esto no está en ningún Evangelio.

Como si no hubiese sido suficiente con los errores voluntarios mencionados incluidos en el filme, la directora ha distribuido en muchas de sus escenas mensajes subliminales que refuerzan el sentido destructivo del mismo para la Fe de quienes lo vean. Sólo presentaremos una de éstas imágenes como muestra, dejando librado al buen ojo e inteligencia de los lectores el hallazgo de otros, que abundan tanto en la película como en los afiches. La foto 8 nos muestra la escena tal como se ve en el momento del nacimiento del niño, con José y María, en una gruta que supuestamente sería el pesebre de Belén. Allí se ha incluido como parte del fondo de la misma unas imágenes que transmiten un mensaje absolutamente diferente del esperado en tal circunstancia.


Mirando con atención encontraremos el conocido rostro del Demonio
(foto 9), con cuernos y todo. Se aprecia con claridad la boca, la barbilla, los pómulos y los ojos abiertos. Si miramos enfrente, hallamos la figura de un cordero (foto 10), en señal de adoración a la imagen anterior, con ropas sacerdotales y las manos juntas, como rezando. Refuerza el conjunto la aparición, en medio de ambos, de un reclinatorio en forma de dos escalones (foto 11), para que el cordero pueda arrodillarse ante la imagen del Diablo, como en los bancos de una iglesia. ¿Qué tiene que ver esto con el nacimiento? En realidad la presencia de estas figuras, hacia las que nos guía la mirada fija de José (no observa ni a la Virgen ni a su Hijo) nos transmite la idea inconsciente de que el cordero (Jesús) es en realidad un fiel súbdito de Satanás, a quien le reza y ante quien se arrodilla. Finalizamos nuestra investigación con las declaraciones del actor Oscar Isaac, encargado de personificar a San José, en las cuales descubre el verdadero sentido naturalista de la película, que aleja a la platea del misterio de la Encarnación para enseñarle a ver la Venida del Hijo de Dios y Salvador del mundo como una historia más cercana a una telenovela barata de la televisión que a la Redención del género humano.
“Creo que ésta no es una película netamente religiosa, sino que habla del poder del amor, de la lucha por el amor. De dos personas que conforman una familia con esfuerzo y dejan un mensaje muy humano” dijo Oscar Isaac. Dos personas que conforman una familia... ¿acaso la Sagrada Familia no eran tres, o el niño no cuenta? Por la boca muere el pez.